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Lic. Betiana Boiko-
Mus. Pablo Cassino
El
turismo en Argentina es un fenómeno que
esta creciendo cuantitativamente a pasos
agigantados y esto es claramente
demostrable si tomamos las estadísticas
del Indec las cuales demuestran un
aumento progresivo del turismo
extranjero en buenos Aires. Los
profesionales del turismo nos
preocupamos más por llenar los tiempos
libres del turista sin preocuparnos por
la calidad de los circuitos que estamos
ofreciendo. Sabemos que a medida que
crecemos como país receptivo los
turistas que llegan se vuelven cada vez
más complejos, así el turista de hoy no
solo busca descanso en su tiempo de
ocio, sino pretende enriquecerse
culturalmente como persona. Quizás,
antes de planificar tantos tours de
compras y excursiones de las cuales el
pasajero ni baja del ómnibus y conoce
nuestras riquezas a través de una
ventana, deberíamos empezar a trabajar
en conjunto con los profesionales de la
cultura y preguntarnos ¿qué es lo que le
estamos mostrando? o mejor dicho ¿qué es
lo que no le estamos mostrando?
Para la I Carta Internacional del
Turismo Cultural del ICOMOS: “El Turismo
Cultural es el que tiene por objeto, el
descubrimiento de los sitios y de los
monumentos. Ejerce sobre éstos un efecto
positivo considerable en la medida en
que, persiguiendo sus propios fines,
contribuye a mantenerlos en vida y a
protegerlos. En efecto, esta forma de
turismo justifica los esfuerzos que ese
mantenimiento y esa protección exigen de
la comunidad humana, debido a los
beneficios socio-culturales y económicos
que resultan para el conjunto de las
poblaciones implicadas”.
Nuestro país cuenta con un patrimonio
cultural tangible e intangible
inigualable, con una oferta museos
incomparable y un ejemplo de esto es la
Ciudad de Buenos Aires que cuenta con
mas de cien instituciones dentro de las
mas de mil en todo el país y esta
incluida como propuesta para ser
declarada Ciudad Cultural en la lista
tentativa de la Comisión de Patrimonio
Mundial de la UNESCO.
El patrimonio cultural y los museos debe
constituirse como un producto más en la
oferta turística, posibilitando la
explotación de recursos, la creación de
empleo y el desarrollo económico. Un
ejemplo de que esto es posible y
salvando las diferencias es la Ciudad de
París donde solo en el sector de Turismo
Cultural emplea a más 40.000 personas
directas e indirectamente. Esta clase de
turismo permite a su vez reforzar la
propia identidad, plantearse que soy,
cómo me ven los demás y cómo quiero que
me vean. ”.
La gestión sostenible del Patrimonio
Cultural, hace indispensable conciliar
la conservación con las nuevas
perspectivas económicas y sociales que
abre la función turística. Sabemos que
el patrimonio cultural es un recurso
único e irreemplazable, con
características muy particulares, al que
no se puede dejar a la deriva frente a
la ola de visitante si queremos
preservarlos; pero tampoco podemos
dejarlos ocultos como sucede en algunos
museos nacionales que no aceptan
contingentes de agencias de viajes,
aduciendo que como el museo no cobra
entrada, no pueden aceptar grupos de
turistas que pagan por un tour.
Es evidente que la mayor dificultad no
se encuentra en la elaboración de
estrategias de turismo cultural, sino en
la puesta en práctica de las mismas.
Está claro que hay que partir de
objetivos claros, de programas viables y
que se sepa que se quiere hacer con
nuestro patrimonio cultural. Para esto
es necesario la máxima participación
social y la máxima conciencia de los
profesionales del turismo y la cultura.
En primera medida hay que hacer que la
gente local se sienta orgullosa de su
patrimonio, y que quiera participar, ser
parte del producto y ser consumidor. En
la segunda Carta Internacional del
Turismo Cultural del ICOMOS especifica
que “Las comunidades anfitrionas y los
pueblos indígenas deberían involucrarse
en la planificación de la conservación
del Patrimonio y en la planificación del
Turismo”. No se puede diseñar un
proyecto de Turismo Cultural si la
comunidad no participa, el primer paso
es involucrar a la sociedad. Sin la
participación de todos los agentes
sociales posibles, institucionales y
particulares, implicados en los diversos
aspectos que nos ocupan, difícilmente
podrán generarse políticas patrimoniales
y turísticas que lleguen a buen puerto.
Desde la parte pública se empiezan a
trazar las primeras pinceladas en torno
al turismo cultural, un buen ejemplo de
Planificación y Objetivos claros es el
Programa de Recuperación del Casco
Histórico de la Subsecretaria de
Patrimonio Cultural del Gobierno de la
Ciudad de Buenos Aires donde en el área
de Balcarce y Chile por cada peso
invertido por el estado el sector
privado invirtió cinco y se convirtió en
uno de los recorridos imperdibles del
turista que visita esta ciudad.
Lamentablemente nuestros museos y sitios
patrimoniales están todavía lejos de
poder integrarse a la oferta turista
internacional, (sacando excepciones como
las acciones llevadas a cabo para la
Noche de los Museos) la mayoría no
cuenta con los parámetros mínimos para
recibir a los extranjeros como
rotuladores en ingles, guías que hablen
más de un idioma o folletos acordes a
las necesidades.
Sabemos que los museos no son rentables
pero tampoco se crean estrategias para
buscar recursos. En una Argentina donde
los turistas extranjeros empiezan a ser
protagonistas se los está excluyendo de
conocer nuestras riquezas culturales y
no por falta de presupuesto sino por
falta de planificación y predisposición.
La reutilización turística del
patrimonio brinda oportunidades nuevas
para la recuperación de nuestros museos
y nuestro patrimonio cultural. Todos los
actores debemos asumir un papel
protagónico y comprometernos en la
formulación y realización de planes
estratégicos para recibir a los nuevos
visitantes y posicionar a la Argentina
como un verdadero destino de turismo
cultural.
Para acometer todas estas acciones y
otras es necesario coordinación,
cooperación, concertación entre las
distintas Administraciones Públicas, el
sector privado y la comunidad. “El
Patrimonio Natural y Cultural pertenece
a todos los pueblos. Cada uno de
nosotros tiene el derecho y la
responsabilidad de comprender, valorar y
conservar sus valores universales.” II
Carta Internacional del Turismo
Cultural. ICOMOS
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